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NI UNO MÁS
No llevo exactamente la cuenta, pero creo que son tres meses, más o menos, los que
hace que dejé de fumar. Y, créanme, amigos lectores, aunque no era una
fumadora tan empedernida como me hacen parecer ciertas caricaturas, la
verdad es que los primeros días me costó lo mío aguantar. ¿Han visto
Aterriza como puedas? Pues yo también me preguntaba si había
elegido el día correcto para dejar el tabaco. ¡Como si hubiera un buen día
para eso!
Supongo que cada uno debe escoger el más adecuado. En mi
caso, fue el mismo en que Elena Salgado presentó al Consejo de Ministros
el informe sobre la ley de prevención del tabaquismo que el Gobierno está
a punto de aprobar. Los datos que presentó fueron tan escalofriantes que,
sinceramente, se me quitaron de golpe las ganas de seguir fumando. Cuando
tomé conciencia de que el tabaco produce cada año más muertes que el SIDA,
el alcohol, las drogas y los accidentes de automóvil, todos juntos, sentí
como si con cada cigarrllo me estuviera inoculando yo misma un veneno
mortal. Y en ese instante dije: "¡Se acabó!".
De lo cual estoy
enormemente satisfecha. En primer lugar porque he sido capaz de librarme
de una adicción, imponiendo mi razón y mi voluntad a la dictadura de la
nicotina y otros elementos tóxicos, y en segundo porque no he tenido que
esperar mucho para darme cuenta de los buenos efectos: a los pocos días
noté que me cansaba menos, recuperaba el gusto y el olfato. Tampoco los
resfriados se convierten ya en una agonía de toses. Y eso por no hablar de
los humos que les ahorras a cuantos están a tu alrededor.
Créanme,
todo lo que te ocurre cuando dejas de fumar es bueno, pero lo más
importante es que, a cambio de un pequeño esfuerzo -y se pueden buscar
ayudas para no pasarlo tan mal- eliminas de tu vida un riesgo y una
dependencia absolutamente prescindibles. Así que, ya saben, se impone
dejar de fumar. Todos y todas somos capaces de hacerlo. Todos y todas
podemos y debemos decir: ni uno más.
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